Confiar también es maternar
Hay un miedo del que casi no hablamos: el miedo a que nadie cuide a tu hijo como tú.
Y aparece justo cuando más necesitas avanzar: volver a trabajar, estudiar, salir, descansar. Como si crecer —tú— implicara necesariamente fallarle —a él.
Pero aquí va una verdad incómoda y liberadora al mismo tiempo:
nadie va a cuidar a tu hijo exactamente como tú…
y aun así, eso no significa que no esté bien cuidado.
La culpa de separarnos (aunque sea un poco)
Una de las culpas más profundas en la maternidad es querer tiempo propio.
Tiempo para pensar, para existir fuera del rol, para sostener la vida que también eres.
Pero el descanso no es un lujo.
Es parte del trabajo de maternar.
Desde el día uno.
No todos los descansos se ven iguales:
- Si tienes un recién nacido en lactancia a demanda, tal vez tu descanso sea una siesta de 20 minutos mientras alguien sostiene al bebé.
- Si tu bebé tiene 4 o 5 meses, quizás puedes salir una hora mientras recibe leche extraída (con estrategias que respeten su proceso).
- Si ya está en alimentación complementaria, puedes dejarle una comida y darte permiso de desconectar un rato.
Pequeños actos que son, regulación y sostenibilidad.
La trampa del “lugar seguro”
Nos gusta pensar que existen espacios 100% seguros (guarderías, escuelas) y otros completamente inseguros (todo lo demás).
Pero la realidad es más compleja:
Casi ningún lugar es 100% seguro. Casi ningún lugar es 100% inseguro.
Entonces, ¿qué hacemos?
Construimos vínculos .
Especialmente cuando somos migrantes, cuando no tenemos abuelas cerca, cuando la red natural no existe.
Creamos vínculos que se vuelven familia elegida.
Personas en las que confiamos lo suficiente como para decir:
“si yo no estoy, tú puedes sostener esto.”
Porque nadie puede criar en soledad.
El día que toca soltar (aunque no quieras)
Este fin de semana, mi hijo Iker se fue a un viaje de 12 horas.
Tres autobuses llenos de niños.
Una competencia musical.
Un parque de diversiones.
Y padres… no invitados.
El lugar no tenía espacio para nosotros.
Y aunque entiendo la logística, la emoción no entiende de razones.
Me costó. Muchísimo.
No por él.
Por mí.
Por ese impulso profundo de querer estar, de supervisar, de garantizar.
Pero la maternidad —si la vivimos completa— también incluye este momento: el de no estar.
Confiar no es ingenuidad, es decisión
Al final, siempre llego al mismo lugar:
Tenemos que confiar.
No solo en los demás.
Sino en el trabajo que hemos hecho con nuestros hijos.
En las conversaciones.
En los valores.
En los límites.
En la forma en la que les hemos enseñado a habitar el mundo.
Confiar en que pueden estar sin nosotros…
porque han estado profundamente con nosotros.
Criar también es prepararlos para irse
No se trata de soltarlos de golpe.
Se trata de soltarlos en dosis pequeñas, conscientes, amorosas.
De permitir experiencias sin nuestra presencia.
De tolerar la incomodidad que eso nos genera.
De no anestesiar ese miedo, sino atravesarlo.
Porque el objetivo nunca fue tenerlos siempre cerca.
El objetivo era que pudieran estar bien… incluso cuando no lo estén.
Y tú, también mereces tu vida
Tu hijo no necesita una madre que esté siempre.
Necesita una madre que esté bien.
Y para estar bien, necesitas espacios propios.
Necesitas pausas.
Necesitas aire.
Necesitas confiar.
Confiar en otros.
Y confiar en ti.
Porque al final, no se trata de si alguien cuida a tu hijo como tú.
Se trata de que tú has cri
ado a alguien
capaz de estar bien en el mundo.
Y eso… también es amor.
Érika Urbaez Aguilera
@prolactancia
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