¿Cuándo puedo salir con mi bebé a la calle?
Ustedes me preguntan esto con una frecuencia y con un miedo a sacar a los bebés para que les pase algo malo, que a mí me preocupa más el tiempo que algunas pasan encerradas con ellos.
Se sale desde siempre.
De hecho, nacen y salen a la calle. Porque tienen que salir a la calle para ser trasladados a la casa.
Sé que es un contacto corto, pero existe.
Los bebés, antes de que existieran los hospitales, nacían al aire libre. Y hoy todavía existen lugares donde eso ocurre. En el Amazonas, por ejemplo, hay mujeres que se montan en una curiara, van a una isla, tienen a sus bebés y regresan montadas en esa misma curiara.
Para quienes no saben qué es una curiara, es una embarcación indígena típica hecha con troncos de árboles.
Y sí, sé que ese es el extremo de la historia.
Pero sirve para recordar algo importante: los seres humanos somos seres de aire libre.
La casa fue un sistema de protección contra climas inclementes y una forma de confort que desarrollamos gracias a nuestra capacidad de adaptarnos. Pero estar al aire libre sigue siendo una necesidad humana.
Y ahora seguramente te estarás preguntando qué tiene que ver todo esto con la foto que les mandé en el newsletter.
Les cuento.

Yo le mandé esa foto a Nino, mi amiga y asistente le dije:
—Tengo un gym casero como Sasha ( fitness ) .
Y ella me respondió, genuinamente curiosa:
—¿Y por qué vas al gimnasio?
Y le dije algo que probablemente las haga reír:
—Porque salir al gimnasio es mi tratamiento psiquiátrico 🤭
No por el gimnasio en sí.
El gimnasio fue simplemente el lugar que escogí para salir todos los días con un propósito propio.
Pudo haber sido cualquier otra cosa.
A veces camino al aire libre.
A veces hago otra actividad.
Pero tiene que ser fuera de la casa.
Anótense eso: Fuera de la casa.
El año pasado mi psicóloga consideró pertinente enviarme a una evaluación psiquiátrica. Algunas de ustedes que están aquí desde los primeros newsletters recordarán que ya hablé de esto.
Durante la evaluación, la psiquiatra revisó mis hábitos.
Me preguntó cómo comía.
Cómo dormía.
Cómo era mi rutina.
Y me dijo:
—Tienes buenos hábitos alimenticios. Tienes hábitos saludables. El sueño podría mejorar, pero hay algo que no me termina de cuadrar porque no pareces una persona que debería estar tan ansiosa.
Entonces comenzamos a revisar mi día completo.
Y allí encontramos algo.
Yo no salía de casa.
Sí, salía al mercado.
Sí, llevaba a mi hijo al béisbol.
Sí, iba a sus torneos.
Sí, lo buscaba y lo llevaba a sus actividades.
Pero no salía para mí.
No tenía nada en mi agenda que existiera únicamente para mi bienestar.
Y ella me dijo:
—Necesito que encuentres algo que te haga salir a la calle con un propósito personal.
Y pensé que tal vez podía ser el ejercicio.

Así que hace aproximadamente un año me inscribí en un gimnasio muy cerca de casa y, después de dejar a mi hijo en el colegio, voy.
Voy media hora.
Amigas, no se imaginen que estoy entrenando como Sacha Fitness.
No voy a competir en un Ironman.
Voy treinta minutos.
Y esos treinta minutos me obligan a salir.
A cambiar de ambiente.
A ver el cielo.
A moverme.
A sentir que existe algo fuera de las paredes de mi casa.
Por eso les digo lo mismo a ustedes.
Hay que salir con los bebés.
Hay que salir al aire libre.
Lo que no recomiendo con bebés muy pequeños es ir a centros comerciales, espacios cerrados o reuniones donde sabemos que puede haber personas enfermas o con infecciones contagiosas, especialmente si todavía son recién nacidos, no han alcanzado buen peso o aún no han recibido sus vacunas.
Pero una cosa es protegerlos y otra muy distinta es encerrarse.
Hay que asomarse a la terraza.
Hay que bajar al parque del edificio.
Hay que caminar por una plaza.
Hay que sentarse un rato bajo un árbol.
Y ya sé lo que algunas me van a decir.
-“Erika, pero es invierno”.
-Abríguenlos.
-Su bebé no nació allí por casualidad. Hay ropa adecuada para cada clima.
-“Erika, pero hace demasiado calor”.
Salgan a las horas más frescas del día.
-“Erika, pero coincide con la hora loca”.
Amiga, probablemente cargarlo afuera viendo árboles, escuchando pájaros y sintiendo el viento sea mucho más agradable que caminar en círculos por la sala.
Salgan.
Así sean diez minutos al día.
Por ustedes.
Y también por sus bebés.
Porque somos seres del ambiente exterior
Y porque, muchas veces, salir es mucho más terapéutico de lo que imaginamos.
Que la maternidad les sea leve.
Érika Urbaez Aguilera
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