Cuando una causa se encuentra con el dolor
Tener un propósito y defender una causa es hermoso… hasta que te toca hacerlo en medio del dolor de otros.
Hace un mes, dos terremotos sacudieron a Venezuela y dejaron miles de personas fallecidas y muchísimas familias sin hogar. Desde el primer día participé difundiendo información sobre alimentación infantil en emergencias. Y, aunque sabía que sería difícil, no imaginé el nivel de agresividad que despertaría.
Recibí insultos, descalificaciones e incluso profesionales afirmando que yo estaba promoviendo no donar fórmula infantil.
Lo que defendía —y sigo defendiendo— no es una opinión personal. Es el protocolo internacional de alimentación infantil en emergencias.
Lo que dice la evidencia en una emergencia
Existe una idea muy extendida de que el susto, el estrés o la tristeza “cortan la leche”. No es así. El estrés puede dificultar la salida de la leche porque afecta la oxitocina, pero no hace que una madre deje de producirla de un momento a otro. Un bebé que succiona eficazmente sigue obteniendo leche y, además, aumenta la producción al mamar con mayor frecuencia.
Por eso, cuando una madre y su bebé están juntos y ya amamantaban antes de la emergencia, la recomendación es proteger esa lactancia.
No porque la fórmula sea “mala”. No porque todas las madres puedan amamantar. Sino porque, en un desastre, la leche materna tiene ventajas que ningún otro alimento puede ofrecer: siempre está disponible, no necesita agua potable, no requiere esterilizar biberones y reduce el riesgo de infecciones cuando las condiciones sanitarias son extremadamente precarias.
La fórmula infantil es indispensable para algunos bebés y debe estar disponible para ellos. Precisamente por eso, los organismos humanitarios organizan su distribución de forma priorizada, junto con el resto de los alimentos destinados a la población más vulnerable.
Cuando el duelo dificulta escuchar
Lo más difícil de este mes no fue explicar la evidencia científica. Fue intentar hacerlo en medio del duelo.
Y creo que ahí olvidamos algo importante: dos ideas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Podemos sentir un profundo dolor por las familias afectadas y, al mismo tiempo, defender las medidas que aumentan las probabilidades de que esos bebés sobrevivan.
Podemos preocuparnos porque llegue fórmula a quienes la necesitan y, al mismo tiempo, proteger la lactancia de quienes ya estaban amamantando.
Eso no es una contradicción. Es pensamiento dialéctico. Y hace mucha falta cuando hablamos de emergencias.
La ayuda sigue siendo necesaria
Hoy, un mes después, la tragedia no ha terminado.
Las familias siguen necesitando ayuda.
Si quieres colaborar, te dejaré el enlace de UNICEF, para apoyar la alimentación de los niños a través de los canales humanitarios que pueden hacer llegar la ayuda donde realmente se necesita.
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También quiero invitarte a conocer el refugio de transición Nuestra América, un proyecto que brinda un espacio seguro para mujeres embarazadas y familias con niños pequeños.
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Hay una razón muy personal por la que este lugar me conmueve.
Yo me separé estando embarazada y recuerdo sentir que mi mundo se estaba derrumbando. No puedo imaginar lo que significa para una mujer sobrevivir cuando el mundo, literalmente, desapareció a su alrededor.
Por ellas. Por sus bebés. Sigamos ayudando.
Que la maternidad, incluso en los momentos más difíciles, les sea un poco más leve.
@prolactancia
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