El poco también cuenta (aunque te hayan enseñado lo contrario)
Hace años tuve una maestra de yoga que decía que una práctica real debía durar hora y media. No menos. Porque el yoga —decía ella— no es solo moverse.
Requiere un calentamiento consciente, una práctica central (un asana al que todo se conecta) y una meditación final que selle lo que el cuerpo enseñó y lo que la mente mostró. Si no, era muy poco.
Y lo poco, según ella, no servía. Mi maestra era profundamente disciplinada.
Una mujer admirable.
Crió a sus hijos, desarrolló varias carreras, enseñaba yoga, taichí… era, en muchos sentidos, un ejemplo de constancia. Yo la admiraba —y la admiro— muchísimo. Pero había algo que no lograba ver: a veces sus clases se quedaban vacías. Las personas iban, dejaban de ir, volvían meses después… y no era falta de interés. Era algo más profundo. Era esta idea que se nos metía en la cabeza: si no lo haces perfecto, mejor no lo hagas. Hoy sabemos algo distinto. No lo digo yo.
Lo dicen los estudios sobre cómo funciona el cerebro y cómo se construyen los hábitos: Hecho es mejor que perfecto.
Poco siempre será mejor que nada. Sobre todo cuando hablamos de cosas que requieren esfuerzo. Yo, por ejemplo, voy al gimnasio todos los días al menos media hora. ¿Es lo ideal? No.
¿Es suficiente para competir o transformar el cuerpo radicalmente? Tampoco. Pero es lo que tengo. Y si yo pensara que “media hora es muy poco”… no iría. Y entonces sería nada. Y ojo: mi maestra tenía razón. El yoga profundo necesita tiempo para convertirse en algo más que ejercicio.
Necesita estructura para volverse un estilo de vida. Yo lo viví.
Durante años practiqué con ella y hoy sigo sintiendo los efectos de todo lo que me enseñó. Pero también es cierto esto: No todas estamos en un momento de vida que nos permita sostener esa disciplina perfecta. Y eso no significa que no podamos empezar.
Ni que no podamos sostener. ¿Qué hubiese pasado si en lugar de exigir hora y media…nos hubiésemos permitido 10 minutos en casa?
¿O una práctica corta diaria y una más larga una vez a la semana? Porque hay algo poderoso que sí está demostrado: Cuando repites algo todos los días, tu cuerpo lo empieza a extrañar. Se convierte en huella. En lenguaje interno. En hábito. Por eso, el día que no puedes hacerlo “completo”… lo importante no es abandonarlo. Es mandar la señal. A la misma hora.
Con una versión más pequeña. 10 sentadillas.
10 saludos al sol.
Una respiración de 2 minutos. Lo que sea. Pero que tu cuerpo entienda: esto sigue siendo importante para mí.
Ahora llevemos esto a la lactancia. Muchas mamás abandonan la extracción porque “solo sacan una onza”. Y yo siempre les digo lo mismo: Si te sacas una onza al día, en 7 días tienes 7 onzas .Pero si no te sacas esa onza… en 7 días tienes cero. Y aquí viene lo interesante: La segunda semana, probablemente no será una onza, será una y media, la tercera, quizás dos. ¿Por qué? Porque el cuerpo aprende por repetición.
Por estímulo constante.
Por señal. No por perfección. Y lo mismo pasa en la crianza. Si tú empiezas a hacer una pausa antes de gritar… aunque sea una vez al día…tu cuerpo empieza a registrar una nueva forma de responder. Si respiras antes de reaccionar… aunque no siempre lo logres…estás creando una nueva ruta.Y un día, sin darte cuenta, esa pausa se vuelve natural.
La maternidad no se transforma en grandes actos perfectos.Se transforma en pequeños actos sostenidos. Así que hoy te dejo con esto: No abandones algo porque no puedes hacerlo “completo”.
No te castigues porque no es perfecto. Haz lo que puedas.
Pero hazlo. Porque el poco…sí cuenta. Y repetido en el tiempo, puede cambiarlo todo. Si necesitas ayuda para sostener tu lactancia, mejorar tu extracción o encontrar estrategias reales que se adapten a tu vida (no a la vida ideal de nadie más), estoy aquí para acompañarte.
Puedes escribirme venir a consulta Y si este mensaje te resonó, compártelo con otra mamá que necesite leerlo hoy.
Érika Urbaez Aguilera
@prolactancia
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