Hay una habilidad que no sabía que necesitaba aprender: decir no… y quedar en paz
No es solo decir que no. Sino decirlo sin culpa, sin explicación, sin ruido interno.
Mi esposo tiene esa habilidad. Yo… no tanto.
Por ejemplo, si le digo: “Vamos a la fiesta de los compadres”
Él responde: “No”
—¿Por qué?—Porque no quiero.
Y listo.
Sin justificación. Sin culpa. Sin drama.Y lo más impresionante: queda liviano. Yo funciono distinto.
Si digo que sí un miércoles, siento que debo sostener ese sí hasta el sábado. A menos que algo realmente importante pase: mi cuerpo, mi familia, mis emociones.
No salgo por compromiso…pero sí honro mi palabra.
Y eso, para mí, es un valor.Pero este fin de semana algo me movió.
Le pedí un favor. Me dijo que no.
Y yo reaccioné desde un lugar muy honesto: “¿Tú te imaginas que yo dijera no como tú dices no? Esta familia se va a la mierda.”
Él me miró y me dijo: “Tienes razón… la casa se cae.”
Y ahí entendí algo importante:
Yo sostengo muchas cosas que otros no están sosteniendo.Y también entendí otra cosa, más incómoda: No sé decir que no con liviandad.
Aunque lo diga, aunque sepa que no es mi responsabilidad lo que el otro siente…
No quedo en paz.
Me quedo pensando: “¿y si hubiera dicho que sí un rato más?” “¿y si podía negociar?” “¿y si podía hacerlo mejor?” Y esto no solo pasa en pareja.
Pasa en la maternidad.
Cuando le digo que no a mi hijo…y se molesta…y llora… Yo no quedo liviana.
Aunque sepa que ese no es necesario. Aunque sepa que es correcto. Y entonces me di cuenta de algo que me confrontó:
Yo enseño “maternidad leve”…pero hay “no” que todavía me pesan.
Así que este es mi nuevo trabajo interno: Aprender a decir no…y soltar lo que el otro haga con ese no.
No desde el ego. No desde la rigidez.
Sino desde la claridad. Porque no todo se negocia. No todo tiene que terminar en un “ganamos todos”.
A veces, para que tú no pierdas…alguien más no gana.
Y eso también está bien. Si eres como yo…
Si te cuesta el no. Si sostienes más de lo que te toca. Si te quedas pensando después de poner un límite…
Te abrazo.
Y te invito a practicar conmigo:
Un no claro, un no sin justificar, un no que no te pese después. Y algo importante: Antes de decir que no, pregúntate:
- ¿Realmente no quiero?
- ¿Estoy perdiendo algo importante?
- ¿Hay otra forma donde no me abandone a mí?
Y si la respuesta es sí…
Entonces ese no no es egoísmo. Es autocuidado. Si este tema resuena contigo, quédate en esta comunidad.
Aquí hablamos de lo que nadie dice de la maternidad. De lo que pesa. Y de cómo hacerlo más leve.
Si necesitas apoyo más personalizado, puedes venir a consulta conmigo.
Y atenta porque muy pronto abrimos inscripciones de Extracción Eficiente y Banco de Leche.
Un programa que transforma no solo tu lactancia, sino tu forma de vivirla. Seguimos aprendiendo juntas. Sin perfección. Pero con más conciencia
Érika Urbaez Aguilera
@prolactancia
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