Hazlo simple
Jan 26, 2026
Mi hijo es perseverante.
De ese tipo de personas que, cuando quiere aprender algo, practica y repite las veces que haga falta hasta lograrlo. Esa misma perseverancia, a veces, se parece mucho a la terquedad: repetir lo mismo una y otra vez, incluso cuando no está dando el resultado esperado, con la idea de que solo por repetir, el éxito va a llegar.
Te cuento una escena cotidiana en casa.
En una práctica de béisbol, mi esposo le repetía exactamente la misma corrección a mi hijo:
“Deja la cabeza quieta, estás perdiendo de vista la pelota”.
Horas viendo la misma dinámica:
– Mi hijo frustrado porque no le salía como quería.
– Mi esposo molesto porque sentía que “no le estaba escuchando”.
El problema no era la falta de esfuerzo, ni la corrección.
Era un error de método.
Mi hijo no lograba ver lo que su papá le pedía, y mi esposo no cambiaba la forma de explicarlo. Dos personas persistentes, repitiendo lo mismo, esperando un resultado distinto.
Yo no sé de béisbol, pero sí sé de procesos de aprendizaje, de cuerpo y de bloqueo. Le propuse algo distinto a mi hijo: cambiar de mano al batear. Él es ambidiestro, así que le pedí que cambiara de mano un rato, La idea no era corregir la técnica, sino sacar al cerebro del bloqueo.
Al principio no quiso.
Luego aceptó.
“Es que con esta mano mi swing es más simple”, dijo.
Ahí estaba todo.
Al simplificar, quitó movimientos de más, bajó la expectativa, recuperó el equilibrio… y empezó a batear bien. Doce pelotas seguidas. Antes era una bien y tres mal.
Al día siguiente, en juego oficial: 3 hits en 4 turnos.
Todo por hacerlo simple.
Y esto no va de béisbol.
Va de la vida.
La vida funciona mejor cuando está llena de movimientos eficientes, cómodos y repetibles.
La lactancia también.
La crianza también.
Si la estás sufriendo, algo importante para detenerse a mirar: repetir el error mil veces no lo convierte en acierto.
La perseverancia mal dirigida solo agota.
Lo veo muchísimo en procesos de relactancia, en madres buscando dormir mejor, en destetes que se vuelven una batalla diaria. No es que no estés intentando lo suficiente. Muchas veces es que estás intentando desde un lugar demasiado complejo, tenso o cargado de expectativa.
Simplificar no es rendirse.
Simplificar es elegir un camino más amable para el cuerpo, la mente y el vínculo.
Por eso siempre insisto: pide apoyo.
Apoyo externo, neutral, con herramientas prácticas.
Alguien que te ayude a ver lo que tú no puedes ver desde dentro del esfuerzo.
No repitas mil veces lo que te frustra.
Hazlo simple.
Y deja que el cuerpo —y la maternidad— encuentren una forma más llevadera de funcionar.
Con cariño,
Erika
Respuestas