La persistencia “heredada”
Lo que solemos mirar en terapia.
Qué común es llegar a terapia y comenzar a identificar todo aquello que nuestros cuidadores hicieron que hoy se convirtió en parte de nuestras heridas. Y está bien. Está bien reconocer que no fueron perfectos, que a veces fueron duros, que se equivocaron, que hubo decisiones que nos dolieron.
En mi caso, crecí en una familia funcional y amorosa, con defectos como cualquier otra. Y, aun así, también me senté en terapia a decir que el carácter de mi mamá causó esto o que las decisiones de mi papá influyeron en aquello.
Pero siento que hay una pregunta que nos hacemos poco:
¿Qué fue lo bueno que nos dejaron?
¿Qué parte de la mujer que eres hoy viene de las virtudes —y también de los errores— de quienes te criaron?
Un recuerdo que cambió mi forma de ver todo
La semana pasada falleció el primo mayor de nuestra familia, después de años luchando con una enfermedad autoinmune. En medio del duelo, comenzaron a surgir recuerdos. Uno de esos recuerdos nos llevó a una cena navideña en Estados Unidos, hace muchos años. Era la primera vez que muchos de nosotros visitábamos este país. En esa cena, cada quien tenía que decir unas palabras.
Cuando mi papá alzó su copa, brindó por “la persistencia y la terquedad” de mi mamá.
Y en ese instante, muchos años después, entendí algo profundamente.
Esa persistencia es lo que me hizo la mujer que soy hoy.
De dónde vengo
Yo fui una niña que nació en Caracas, creció en un apartamento de clase media en Los Teques, luego vivió en Brasil y, al regresar, encontró a su familia quebrada, viviendo en uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. Con muchísimo esfuerzo logramos salir de allí.
Hubo un momento especialmente duro: durante dos años viví lejos de mis padres, en otra ciudad, con unos tíos. Fue una decisión de mi mamá mientras esperaba su traslado a Margarita y trataba de estabilizar la vida familiar. Yo se lo reproché durante años. No entendía cómo podía separarse de mí.
Hoy, como adulta, aunque mi niña interna todavía extraña esos años, puedo ver algo distinto. Puedo entender que estaba buscando protegerme. Que estaba buscando independencia económica. Que quería asegurarse de que, pasara lo que pasara en su matrimonio, ella pudiera sostenernos.
Mi mamá siempre fue una mujer que, así fuera al mediodía, trabajaba, buscaba, insistía. Me enseñó con su vida que la independencia era importante.
La lección más grande: la persistencia
Pero más que eso, me dejó algo aún más poderoso: la persistencia.
Esa misma chama que vivió en Boca de Río, un pueblito de pescadores en Margarita, quería ser periodista. No había dinero. No había forma de pagar una vida en Caracas. Y aun así, mi mamá me decía una y otra vez:
“Todo en esta vida es posible. La vida está llena de recursos. Hay que buscarlos.”
Cuando creer abre caminos
Después quise irme a Europa. Tampoco tenía dinero. Estaba pagando el crédito universitario. Y otra vez escuché lo mismo:
“Ponte creativa. Los recursos aparecen.”
Adivinen quién se ganó una beca para estudiar en España.
Sí, yo.
Mi mamá siempre tuvo ese misticismo de creer en la abundancia, de creer que el mundo tiene espacio para todos, que hay oportunidades si uno insiste lo suficiente. Y gracias a ese pensamiento, y a esa persistencia que heredé, he logrado cosas que en otro momento parecían imposibles.
Siempre vuelvo a esa base: el mundo es abundante y la persistencia abre caminos.
Lo que esto tiene que ver con la maternidad, incluso en la crianza.
Ser persistentes en nuestras convicciones, buscar información, pedir ayuda, intentar de nuevo, confiar en nuestro criterio… todo eso también es parte de lo que nos convierte en las madres que queremos ser.
Un ejercicio para ti
Hoy te dejo un ejercicio sencillo y poderoso:
Piensa qué de bueno te dejaron las personas que te criaron.
Qué de lo que eres hoy nació de su ejemplo.
Qué fortaleza llevas dentro gracias a ellos.
A veces sanar también es reconocer los regalos invisibles que sí recibimos.
Estoy aquí para ustedes, siempre.
Que la maternidad les sea leve.
Érika Urbaez Aguilera
@prolactancia
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