Lo que la tragedia nos está enseñando sobre la alimentación de los bebés
"Insensible de mierda. Poco empática. La secta de la teta".
He tenido que leer todos estos insultos desde que comencé a hablar sobre la alimentación de bebés en situaciones de emergencia.
Y, ¿saben qué?
Lo que está ocurriendo me confirma algo que las consultoras de lactancia ya sabíamos desde hace muchos años: la desinformación sobre la alimentación de los bebés menores de un año es muchísimo más profunda de lo que imaginábamos.
Pensábamos que el problema era grande.
La tragedia que vive Venezuela nos demuestra que era aún peor.
Ayer hablé con una mamá que permaneció 12 horas bajo los escombros con su bebé de apenas 18 días de nacido.
Después del rescate los separaron, porque ella necesitaba atención médica urgente. Antes del terremoto, ese bebé recibía lactancia materna exclusiva. Cuando finalmente pudieron reencontrarse, regresó a casa con muchas latas de leche donadas… y muy poca información sobre lo que realmente iba a pasar.
Nadie le explicó que un recién nacido necesita el cuerpo de su mamá. Que pide brazos. Que muchas veces quiere pasar horas succionando, no porque la leche no alcance, sino porque también busca regulación, seguridad y consuelo.
Mucho menos le explicaron que un bebé que pasó 12 horas sin alimentarse y luego fue rehidratado con sucedáneos probablemente iba a pedir muchísimo pecho después. Que ese comportamiento era esperable. Que sus pechos podían sentirse blandos y, aun así, seguir produciendo toda la leche que su bebé necesitaba.
Ella estaba agotada.
Abrumada.
Asustada.
Y tenía a su alrededor latas y latas de leche donada.
🙏Así que decidió ofrecerle “solo un poquito” para poder descansar.
Y quiero ser muy clara: me parece una decisión completamente lógica..
Solo hay una madre intentando sobrevivir después de una tragedia.
Pero ese bebé, con un organismo ya comprometido por todo lo que había vivido, terminó intoxicándose.
Y entonces, a la angustia del terremoto…
A la separación de su bebé…
Al miedo de sentir que no tenía leche…
Se sumó otra carga devastadora: la culpa.
Una culpa que nunca debió cargar.
Porque no le faltó amor.
Le faltó acompañamiento.
Le faltó alguien que le dijera qué podía esperar del comportamiento de su bebé y cómo ayudarla a sostener la lactancia en medio del caos.
☝🏽Durante años he bromeado diciendo que todavía me quedan diez vidas y que, si la reencarnación existe, probablemente vuelva a ser consultora de lactancia.
Hoy ya no lo digo como un chiste.
Porque esta emergencia deja al descubierto algo mucho más doloroso.
Ni siquiera el personal de salud tiene claro cómo proteger la alimentación de los bebés en una emergencia.
Es precisamente en esos contextos donde deberíamos estar defendiendo la ciencia, fortaleciendo el apoyo a las madres y protegiendo la lactancia como una estrategia de supervivencia.
Pero no está ocurriendo.
Y, siendo honesta, no creo que ocurra.
Porque da más vistas repartir donaciones y llamarnos secta insensible, que construir sistemas de apoyo a mediano y largo plazo .
😞Pan para hoy, aunque eso signifique hambre para mañana.
🚨Y no me mal interpretes, he donado dinero e incentivo a seguir donando porque hay bebés huérfanos que necesitan comer. Otros que jamás habían tomado leche de sus mamás, que necesitan comer.
🙌🏽Si estás leyendo esto desde la tranquilidad de tu casa, quizá con dudas sobre tu propia lactancia, quiero que esta historia te deje algo distinto al miedo.
Quiero que te recuerde que tu cuerpo sigue siendo una máquina extraordinaria, incluso cuando las circunstancias son profundamente adversas.
Quiero que sepas que puedes.
Y, sobre todo, que no tienes que hacerlo sola.
Aquí estoy para acompañarte.
Espero, de corazón, que tu maternidad sea leve.
Érika Urbaez Aguilera
@prolactancia
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