Mi suegra está de visita
No tengo una mala relación con mi suegra. Tampoco es una relación especialmente cariñosa. El respeto prevalece, sobre todo el mío hacia ella.
Intentaré describirla de la forma más objetiva posible. Mi suegra es como un niño pequeño sin filtros. Si alguien le parece feo, lo dirá. Si alguien ha subido de peso, le dirá que está gordo o gorda pensando que no hay nada malo en eso. Es una persona a la que la prudencia no acompaña y tampoco tiene demasiado interés en cultivarla. Sabiendo esto, mi decisión ha sido no luchar.
Sé que ella no me quiere. Tampoco me odia. Simplemente tuvo que aceptarme porque soy la pareja de su hijo.
Mi hijo tampoco está cerca de ser su nieto favorito y, aunque sé que muchas mamás pueden sufrir ese tipo de desamor, yo he aprendido que el amor es una construcción que nace de la convivencia.
Mi hijo no viene de las entrañas de sus hijas, así que para ella ese amor no es tan directo. Y está bien.
Lo que sí sé es que esta situación podría convertirse fácilmente en el camino hacia una relación poco saludable si mi esposo y yo no nos comunicáramos adecuadamente.
Hace unos días comenté algunas frases que me ha dicho mi suegra dentro del grupo de suscriptoras que tengo en Instagram, un espacio donde hablamos todos los días de diversos temas, pero sobre todo donde nos acompañamos emocionalmente.
Conversaciones son maravillosas
Las historias de terror con suegras no tardaron en aparecer.
Y aunque cada historia era distinta, todas tenían elementos en común:
La ilusión de que la suegra cambie. La ilusión de que la relación entre suegra y nuera funcione como la de una madre y una hija. La necesidad de que la pareja intervenga y ponga límites constantemente.
Por eso quiero compartir tres cosas que me han ayudado mucho.
- Los límites de tu hogar los pones tú junto con tu pareja
Si alguien los cruza, tienes todo el derecho de decirlo.
No tienes que esperar a que nadie te defienda para expresar aquello que te incomoda. Para eso eres adulta.} - Tu suegra no es tu mamá. Es maravilloso cuando se construye una relación hermosa y cercana. Pero si eso no ocurre, no significa que algo esté mal. A veces lo único que necesitan dos personas para convivir en paz es respeto mutuo.
- El único amor que tus hijos necesitan en automático es el de sus padres
Los demás vínculos se construyen; con presencia, con contacto, con interés y con respeto. No son automáticos ni obligatorios.
Por eso intento concentrarme en lo único que realmente está bajo mi control: mis expectativas, mis límites y mi manera de responder.
Porque en la mayoría de las diferencias cotidianas, la paz llega cuando dejamos de intentar cambiar a los demás.
Atención a lo que tú puedes hacer y evitar tratar de educar a personas que ya son mayores y no están dispuestos a cambiar.
Y que la maternidad les sea leve.
Érika Urbaez Aguilera
@prolactancia
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