No estoy loca ni hormonal, estoy en puerperio
No estoy loca ni hormonal.
Estoy en puerperio.
Mi cerebro acaba de cambiar para poder cuidar, proteger, gestar y nutrir a mi cría.
No estoy loca ni hormonal: mi vida acaba de cambiar para siempre, y no solo hay evidencia emocional de eso, también la hay física.
Probablemente tengo veinte kilos de más.
Mi cabello empezó a caerse.
Mis ojeras son más profundas que nunca.
Mi piel cambió, y esa mujer que antes se arreglaba, se maquillaba y se peinaba todos los días parece haber desaparecido.
No estoy loca ni hormonal: estoy aprendiendo a mantener un ser vivo… vivo.
- Estoy aprendiendo a reconocer llantos.
- A cambiar más de diez pañales al día sin irritar una colita diminuta.
- A dormir a mi bebé.
- A intentar dormir yo, aunque mi mente siga alerta.
Tengo nuevos miedos, los que solo conoce quien ha sentido amor en carne viva.
Pongo mi dedo en la nariz de mi bebé para ver si respira.
Y aunque él duerma tranquilo, yo permanezco despierta, verificando que sigue con vida.
No estoy loca ni hormonal.
Mi materia gris cambió.
Mis hormonas no están desordenadas: están haciendo exactamente lo que deben hacer para que pueda amamantar, cuidar y sostener un hogar.
No estoy loca ni hormonal.
Me acabo de convertir en mamá.
Y nada, absolutamente nada, vuelve a ser igual.
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Erika Urbáez Aguilera, IBCLC
Fundadora del movimiento Maternidad Leve


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