Ser buena mamá no siempre te hace ver cool
May 18, 2026
Ser buena mamá a veces ni te hacer ver tan cool. Aprender a decir que no es uno de los recursos más valiosos que vamos a tener en la maternidad.
Y se los voy a explicar con un ejemplo.
Mi hijo tiene que jugar una liga de verano y una de las actividades era viajar en autobús desde Sacramento hasta Los Ángeles. Cuarenta adolescentes de 14 años, un autobús y cuatro o cinco chaperones.
Y yo dije que no.
Sí, mi hijo tiene 14 años.
Sí, probablemente muchos papás hubiesen dicho que sí.
Pero honestamente, mi sistema nervioso no lo puede resistir.
Y decir que no implicó tolerar su decepción.
Él va a ir al torneo. Yo lo voy a llevar.
Lo que no va a hacer es viajar un día antes, solo, con 40 niños y adultos que yo no conozco.
Primero, porque no es su equipo regular. Es un equipo invitacional. Coaches nuevos, familias nuevas, niños nuevos. No tengo un círculo de confianza allí.
Segundo, porque aunque tengo un hijo con bastante criterio y bastante maduro, no creo que todavía esté listo para manejar solo un viaje así. Él ha ido a campamentos, ha tenido pernoctas, pero con gente que conocemos desde hace años.
Y tercero, por mí.
Porque yo también importo.
Porque estoy bajo niveles de estrés demasiado elevados como para sumarle uno más.
Y muchas veces, cuando criamos, queremos ser los papás chéveres. Queremos darles a nuestros hijos todo lo que quizás a nosotros no nos dejaron hacer.
Pero hay momentos donde ser responsables implica no ser tan chéveres.
Y esto pasa en las cosas grandes y en las pequeñas.
El otro día una mamá me preguntaba cómo hacemos para lavarle los dientes a niños que no se dejan.
Y yo le decía: lavarse los dientes es como la silla del carro. No es negociable.
Hay cosas donde nuestros hijos pueden frustrarse.
Hay cosas donde incluso por segundos podemos caerles mal.
Pero si la salud, la seguridad o nuestro sistema nervioso están en juego, tenemos que aprender a sostener el no.
Porque criar respetuosamente no significa vivir sin límites.
Y también pasa con cosas más invisibles.
Por ejemplo, un bebé que se despierta diez veces en la noche a tomar pecho de consuelo y una mamá completamente destruida físicamente, pero que sigue haciéndolo por miedo a poner un límite, por miedo al llanto, por miedo a sentirse mala mamá.
Y ojo, dar pecho para dormir no tiene nada de malo.
El problema aparece cuando tú estás sufriendo y no sabes cómo salir de allí.
Porque muchas veces la crianza nos va a pedir atravesar un poco de incomodidad para poder cuidar mejor a nuestros hijos… y también para cuidarnos a nosotras.
Por eso siempre les digo que mis talleres de sueño y destete no son entrenamientos para bebés. Son espacios para fortalecer a mamá y papá.
Para aprender a tomar decisiones.
Para aprender a sostener límites.
Para aprender a decir los nos que también forman parte de la crianza.
Y aprovecho para recordarles que “Tu bebé sí duerme” sigue abierto.
Va a ser el último viernes de mayo y me encantaría acompañarlas si sienten que necesitan apoyo en este proceso.
Y se los voy a explicar con un ejemplo.
Mi hijo tiene que jugar una liga de verano y una de las actividades era viajar en autobús desde Sacramento hasta Los Ángeles. Cuarenta adolescentes de 14 años, un autobús y cuatro o cinco chaperones.
Y yo dije que no.
Sí, mi hijo tiene 14 años.
Sí, probablemente muchos papás hubiesen dicho que sí.
Pero honestamente, mi sistema nervioso no lo puede resistir.
Y decir que no implicó tolerar su decepción.
Él va a ir al torneo. Yo lo voy a llevar.
Lo que no va a hacer es viajar un día antes, solo, con 40 niños y adultos que yo no conozco.
Primero, porque no es su equipo regular. Es un equipo invitacional. Coaches nuevos, familias nuevas, niños nuevos. No tengo un círculo de confianza allí.
Segundo, porque aunque tengo un hijo con bastante criterio y bastante maduro, no creo que todavía esté listo para manejar solo un viaje así. Él ha ido a campamentos, ha tenido pernoctas, pero con gente que conocemos desde hace años.
Y tercero, por mí.
Porque yo también importo.
Porque estoy bajo niveles de estrés demasiado elevados como para sumarle uno más.
Y muchas veces, cuando criamos, queremos ser los papás chéveres. Queremos darles a nuestros hijos todo lo que quizás a nosotros no nos dejaron hacer.
Pero hay momentos donde ser responsables implica no ser tan chéveres.
Y esto pasa en las cosas grandes y en las pequeñas.
El otro día una mamá me preguntaba cómo hacemos para lavarle los dientes a niños que no se dejan.
Y yo le decía: lavarse los dientes es como la silla del carro. No es negociable.
Hay cosas donde nuestros hijos pueden frustrarse.
Hay cosas donde incluso por segundos podemos caerles mal.
Pero si la salud, la seguridad o nuestro sistema nervioso están en juego, tenemos que aprender a sostener el no.
Porque criar respetuosamente no significa vivir sin límites.
Y también pasa con cosas más invisibles.
Por ejemplo, un bebé que se despierta diez veces en la noche a tomar pecho de consuelo y una mamá completamente destruida físicamente, pero que sigue haciéndolo por miedo a poner un límite, por miedo al llanto, por miedo a sentirse mala mamá.
Y ojo, dar pecho para dormir no tiene nada de malo.
El problema aparece cuando tú estás sufriendo y no sabes cómo salir de allí.
Porque muchas veces la crianza nos va a pedir atravesar un poco de incomodidad para poder cuidar mejor a nuestros hijos… y también para cuidarnos a nosotras.
Por eso siempre les digo que mis talleres de sueño y destete no son entrenamientos para bebés. Son espacios para fortalecer a mamá y papá.
Para aprender a tomar decisiones.
Para aprender a sostener límites.
Para aprender a decir los nos que también forman parte de la crianza.
Y aprovecho para recordarles que “Tu bebé sí duerme” sigue abierto.
Va a ser el último viernes de mayo y me encantaría acompañarlas si sienten que necesitan apoyo en este proceso.
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