Uno de esos domingos
Ayer fue de esos domingos en los que me alteré, grité, me molesté y me sentí absolutamente incomprendida. No solo como mamá, sino como ama de casa, como mujer que trabaja y como esa persona que vive pensando cómo hacerles la vida más fácil a todos los demás.
Y, por un momento, pensé: “Nadie está pensando en mí.”
Después me corregí.
Si nadie está pensando en mí, ¿quién mejor que yo para hacerlo?
Así que me preparé una tortilla con pollo, piqué frutas, me hice un café, llené un litro de agua y agarré mi computadora, mi mat de yoga y mis cosas de trabajo.
Me fui a un parque que queda a menos de una milla de mi casa, uno de esos lugares donde el Río Americano siempre logra centrarme. Extraño el mar, pero el agua sigue siendo mi refugio.
Allá facturé unas consultas que tenía pendientes, grabé el reel que publiqué ayer
-Por cierto aquí te dejo el link para que lo veas: https://www.instagram.com/
Cuando regresé a casa, había comida del día anterior. No tuve que cocinar. Y me di cuenta de que habían pasado casi cinco horas sin interrupciones, haciendo una cosa a la vez, a mi ritmo.

Volví distinta. No porque mis problemas hubieran desaparecido, sino porque, por unas horas, dejé de estar disponible para todo el mundo y volví a estar disponible para mí.
Si hoy estás agotada, si sientes que todos necesitan algo de ti y que al final del día ya no queda nada para ti, quiero recordarte algo: no necesitas cinco horas. A veces bastan veinte minutos para recordar que, además de mamá, sigues siendo una mujer con necesidades, con deseos y con derecho a descansar.
No me voy a cansar de repetirlo: esos ratos en los que dejas de sobrevivir y vuelves a habitarte no son un lujo. Son parte de sostener una maternidad leve que también te sostenga a ti.
Que la Maternidad te sea leve
Erika @prolactancia
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