Yo soy venezolana
Yo soy venezolana. Mis cuatro abuelos y mis padres nacieron en Sucre.
Unos en La Pica de El Pilar, un pueblo agrícola donde las montañas están impregnadas de azufre.
Los otros en Puy Puy, donde las olas del mar le cantan a los cacaotales para dar el chocolate más rico del mundo, según dicen expertos.
Yo nací en Caracas, porque la pobreza extrema de esos pueblos obligó siempre a la gente a ir a la capital. Allí, en la caótica Caracas, se conocieron Vidala y Pedro, dos pueblerinos que trabajaban desde la niñez para tener un futuro mejor en una Venezuela que un día fue de oportunidades.
Yo soy venezolana, con pelo indígena, color mulato, encías moradas que hablan de mis rasgos negros e indios, y un apellido proveniente de Navarra, España, que imagino llegó a mí por alguna aventura de un español con una esclava en esos viajes de conquista que tocaron a mis antepasados.
Yo soy venezolana, y es terrible que hoy eso pese y duela en el alma, cuando siempre fue un motivo de orgullo.
Migración, orgullo y duelo
Tengo siete años viviendo en Estados Unidos y sigo siendo venezolana.
Me casé con un venezolano de raíces margariteñas y tuvimos un hijo absolutamente margariteño, porque nunca pensamos vivir en otro país ni en que él tuviera otra nacionalidad para “asegurar el futuro”.
He vivido en varios y países y jamás imaginé que sería tan necesario tener otro pasaporte.
Mi hijo ha crecido viendo a sus abuelos cada tanto, gracias a los viajes que hacían cuando todavía la visa estaba vigente. Esa visa hoy está vencida y ya no se puede renovar, y la única razón es porque son venezolanos.
Este texto lo escribí en junio de 2025, en medio del dolor absoluto de sentir orgullo y rabia de ser de un país.
Para ti, que también lo sientes
Sé que muchas de ustedes atraviesan su propio camino migratorio.
Sé que muchas viven el duelo incluso años después.
Sé que muchos están atravesando el puerperio con la intensidad de tener a sus familias lejos y sin tribu.
Y esto duele.
Escribo estas palabras y se me quiebra la voz. Porque vivir en un lugar donde no siempre eres bienvenido, y aun así intentar ser feliz, tener una vida digna y hacer las cosas bien… duele.
Te llena de orgullo, sí, pero al mismo tiempo duele.
Mi abrazo para ti
Este sube y baja de emociones yo lo vivo trabajando, y por eso no voy a dejar de recomendarte la terapia.
Aquí te dejo el link de Opción Yo.
Pero, sobre todo, te mando mi abrazo y mi cariño.
Quiero que cuando esta sensación te llegue al alma, recuerdes que eres:
Una excelente persona
Una excelente profesional
Una excelente mamá
Una excelente ciudadana
Y que mereces una vida hermosa. Todos merecemos una vida hermosa.
Respuestas